Los Orígenes Ilustres de la Casa de Empeño

Debido a que ninguna economía basada en el dinero puede prosperar sin crédito, el empeño tiene una larga historia en las culturas orientales y occidentales. En la China este modelo de negocios ha existido desde hace aproximadamente 3000 años regido de manera muy estricta a través del tiempo.
En Hong Kong la práctica sigue la tradición China. Como medida de seguridad, el mostrador es por lo general más alto que la estatura de una persona normal para que el cliente pueda levantar en su mano el valor que ofrecen en garantía. Puede que haya una pantalla de madera para proteger la privacidad del cliente. El símbolo de una casa de empeño en Hong Kong es un murciélago (señal de fortuna) sosteniendo una moneda (señal de beneficios).

En Japón, el símbolo más común para una casa de empeño es un número siete dentro de un círculo porque “shichi”, la palabra Japonesa para siete, suena como la palabra para empeño.

En la India, entre los siglos 9 y 6 antes de Cristo la comunidad Marwari Jain comenzó la empresa del empeño. Hoy en día es un trabajo realizado por muchos agentes denominados “saudagar”. Sin embargo, en vez de trabajar en una tienda, van a los hogares a solicitar ofertas.

En Tailandia, el empeño también es una tradición donde las casas de empeño son operadas por dueños privados y gobiernos locales.

En el mundo occidental la cultura de empeño data del los Griegos y Romanos. Tanto en Grecia como en Roma estaban familiarizados con las operaciones de empeño. Tanto así que muchas de las leyes contemporáneas se derivan de la jurisprudencia Romana. La diferencia principal entre la ley Romana y la Inglesa es que bajo la ley Romana ciertas cosas como ropa, muebles y herramientas no podían servir como garantías mientras que en la legislación Inglesa no existen tales restricciones. El Emperador Augustus convirtió propiedad confiscada de criminales en un fondo del cual se prestaba dinero, sin intereses, a aquellos que dieran como garantía valores de igual ó doble valor del monto prestado.

Durante la era Cristiana se prohibía obtener ganancias del dinero ‘sin trabajar’ porque se consideraba pecado. A pesar de que el Papa Leo el Grande prohibió el cobrar intereses sobre préstamos por derecho canónico, no estaba prohibido aceptar garantías sobre los préstamos. Las casas de empeño operaban bajo un contrato que fijaba por anticipado la ‘tarifa’ por no respetar el plazo nominal del ‘préstamo libre de intereses’ ó, como alternativa, se estructuraba una venta-re adquisición por el que pedía prestado donde el interés está implícito en el precio de re adquisición. En la industria bancaria Islámica de hoy en día existen convenios similares.

El Cristianismo y el Judaísmo abolieron la usura pero lo permitían hacia los herejes. Por lo tanto, Cristianos podían prestarle a Judíos y vice versa. El único requisito para un joven que quisiera un futuro en el mundo financiero de La Edad Media era que necesitaba poder leer y escribir. Los métodos utilizados para mantener los libros eran guardados cuidadosamente entre las familias y poco a poco esparcidos a través de las rutas de intercambio. Estos conocimientos estaban a la disposición de los Jesuitas y Judíos quienes, por lo tanto, jugaron un papel importante en las finanzas Europeas. Por lo general, los Jesuitas tomaron el papel de intermediarios entre los líderes de estado, mientras que los Judíos operaban casas de empeño de menos categoría. No es sorprendente que las casas de empeño de Roma eran las más prósperas, sobre todo en el siglo 15 bajo el Papa Pius IV y Sixtus V.

Las familias Medici de Italia junto con los Lombard en Inglaterra eran los prestamistas en Europa. Según la leyenda, uno de los Medici, durante su empleo para el Emperador Carlos el Grande peleó con un gigante y lo mató con tres sacos de piedras. Las tres bolas ó esferas luego formaron parte del escudo familiar y, por último, símbolo de empeños.

Este método Italiano ‘Lombard’ de empeños se hizo famoso y era reconocido como de confianza y honestidad.
En 1492 Fernando e Isabel de España firmaron un decreto para expulsar a todos los Judíos que se negaran a convertirse al Cristianismo. Una cantidad considerable se mudó a Portugal. Muchos miembros de la comunidad Judía en Portugal procedieron a hacerse adinerados en las ciudades de los puertos que eran un éxito comercial. Al haber sido forzadas a mudarse, las familias Judías se mantuvieron móviles y en poco tiempo desarrollaron agencias de familias internacionales para las casas de corretaje involucradas con envíos. Tales redes de familias Judías “lombards” emigraron de las ciudades de puerto a la ciudad con la Inquisición Española y crearon redes internacionales. En Francia los Lombards pasaron a ser sinónimos con Cahorsins. La mayoría de las ciudades Europeas aún tienen calles llamadas Lombard por la casa de empeño que alguna vez estuvo ahí. En Holandés el nombre para una casa de empeño aún es lommerd, y la misma etimología aún existe en los nombres de varios bancos (a menos que hayan sido nombrados por una familia). En Polaco y en Ruso una casa de empeño se llama simplemente Lombard.

El cuasi-monopolio de los Judíos Lombards en las finanzas se hizo menos destacado después de la Reformación cuando varias facciones Protestantes llegaron a ser igual de perseguidas que los Judíos. En el siglo 18 muchos banqueros y agentes de envíos eran Quakers. Aunque las casas de empeño no eran propiedad exclusiva de Judíos ó Jesuitas con más frecuencia eran conocidas como casas de Lombard y la mayoría de las ciudades de puerto aún tienen una ‘Lombard Street’ ó ‘Lombard Alley’ hoy en día. Ejemplos en los Estados Unidos son San Francisco, New Orleans, Boston, Baltimore y Philadelphia. El término ‘Lombard’ para casa de empeño (o dueño de casa de empeño) estuvo en uso hasta finales del siglo 18 por lo cual muchas calles fueron nombradas con los establecimientos de los agentes de envío en esas ciudades.

Las restricciones religiosas hacían aparentar que los bancos eran inmorales y muchas veces los banqueros Lombard se consideraban como mala compañía. Por causa de estos prejuicios las familias banqueras se casaban entre sí y no se mezclaban mucho con otras familias lo cual resultó en dinastías internacionales de familias banqueras. La historia de Mary Poppins ilustra como aún en el siglo 20 la industria banquera se consideraba inmoral a pesar de que en el mundo de negocios ya era una profesión respetable.